miércoles, 2 de marzo de 2011

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Afuera llovía a mares, era una de esas tormentas de nunca acabar en las que uno cree que se viene fin del mundo, sin embargo Agustín miraba hacia la afuera pero solo se daba cuenta que estaba lloviendo porque le costaba divisar las formas del exterior, el agua que deformaba las imágenes en el vidrio. Tenia la mirada perdida en el horizonte húmedo, si alguien lo hubiese estado mirando del otro lado le intrigaría cantidades saber en que estaba pensando, tenia una expresión concentrada y a veces asentía con la cabeza como dándole la razón a lo que pensaba era como si dialogase con la tempestad que hacia balancear las copas de los árboles

Después de un largo rato de observar el diluvio Agustín abrió la ventana saco la cabeza unos centímetros se impregno de ese olor a tierra mojada tan placentero y mojo su cabello con las pocas gotas que alcanzaban su ventanal dado que llovía hacia la misma dirección a la cual daba su ventana. Luego de este lapso volvió su cabeza adentro, apretó la hoja de papel entre sus manos con mas sentimiento que fuerza, tomo las pocas ganas de ir a trabajar que tenia se baño y salió a la calle.

A pesar del barro, la humedad y la gente huyendo del agua era un día más para el, otro día más para demostrar sus habilidades y tratar de ocultar sus desperfectos. Se sentía motivado, la lluvia tenia en el un efecto parecido al que nos hace cantar en la ducha, la ausencia del ruido de la rutina la gente escapando de la fatalidad de mojarse le daba un placer que solo el podía disfrutar por lo que caminaba sin ningún apuro hacia la parada del autobús disfrutaba el momento e iba regalando una sonrisa irónica a cada persona que lo miraba extrañada por la desubicada sensación de armonía que trasmitía.